Esta narración es breve jugada. La resucitó el Prof. Gómez el que nos dio “La lengua del malón”.
Pájaros primero mudos y después ciegos huían chocándose en el barroso sueño. Borroso en medio de la creciente del río, mal comienzo. Tardaba en saberse despierta cuando por la ventana asomaban en la oscuridad armas y uniformes entre los ruidos de la puerta que caía astillada en pedacitos de estruendos entre fracciones de golpes, insultos, gritos en esos instantes cuando el alba deja de serlo.
Intuía. Se fue con él, escuchó gritos, se leyeron sus propios pensamientos mientras las cabezas chocaban bajo los golpes en el piso de ese vehículo con sirena, simples felpudos humanos de bolsegos pesados, ahora eran los perejiles de maceta. Desaparecían. Instantes inmanejables con sabor a siglos como cuando las lágrimas y las indignaciones ingresan rebalsando en una veloz y lenta marea como si se tratara de una sola única ola gigante inundando. Todo boyando adentro de alaridos silenciosos prisioneros vivos en la ESMA más adelante para noche buena quizás brindarían esposados por la patria.
1977